
Foto: Raquel Pérez Díaz. Antiguo jefe diplomático de los EEUU en Cuba en su residencia rodeado de disidentes cubanos
El trágico destino de la oposición cubana parece ser andar agarrada
al faldón del Tío Sam, con la esperanza de que este los legitime por la
fuerza ante sus conciudadanos. Una pobre estrategia que los ha llevado a
un aislamiento interno que
reconoce hasta Washington.
Se les mantuvo al margen de la negociación entre Obama y Castro,
podría decirse que fueron el último en enterarse. Y ahora, ante la nueva
situación creada desde el 17 de diciembre del 2014, se sienten tan
desubicados como un sueco en Burundi.
Mientras Washington y La Habana cambian su lenguaje y sus mecanismos
de relación, los opositores utilizan el mismo discurso de hace 10, 20 o
30 años atrás. Siguen con la misma estrategia desde 1959, actuar
cobijados tras la sombra de “los americanos”.
Primero soñaron con una invasión de los marines, después con un
bloqueo que rindiera por hambre a sus compatriotas, más tarde probaron
con atentados terroristas y por último nace la “oposición pacífica”,
financiada con U$D 20 millones anuales desde Washington.

La capacidad de movilización de los disidentes cubanos se limita a unas pocas decenas de personas
Ahora
presionan a Obama
para que condicione su visita a Cuba a que Raúl Castro acepte “un
encuentro formal con una representación de la oposición”. Advierten que
de lo contrario el viaje “servirá solo para consolidar al régimen
totalitario y no para empoderar a los actores pro democráticos”.
Es sorprendente que no se hayan percatado aun de que la revolución
cubana se consolidó en los años 60, y lo hizo a tal grado que ni
siquiera se desmoronó cuando perdió el apoyo de la URSS. Perder el
contacto con la realidad puede ser catastrófico en política.
Agregan que la visita “fortalecería la determinación del régimen de
los Castro de mantener su actual posición”. ¿Qué podría fortalecer más
la posición de Raúl Castro que el reconocimiento de la mayor potencia
mundial del fracaso en sus intentos de derrocarlo por la fuerza?.
Para sentarse en una mesa de negociación con el gobierno hay que ser
una fuerza política real, sea por la vía militar como las FARC en
Colombia, por mecanismos electorales como la oposición venezolana o por
la capacidad de movilización como Solidaridad en Polonia.
Pero la oposición cubana parece buscar el protagonismo avanzando a contramano del deseo de la mayoría de los
cubanos
y estadounidenses. Siguen apostando por avivar la confrontación,
tratando de imponer a La Habana condiciones que esta ha rechazado
durante medio siglo.
Dicen los disidentes que “El gobierno de los Estados Unidos no debe
perder su liderazgo y compromiso con la democracia y sus defensores”. Y
esta frase sintetiza como ninguna otra la verdadera relación entre
Washington y los opositores cubanos.
Ese liderazgo que le ceden a EEUU en los asuntos de Cuba ha sido su
peor maldición porque los ha hecho priorizar la agenda política y de
DDHH de Washington por encima de las demandas económicas concretas y
cotidianas de sus compatriotas.
Para empeorar las cosas el gobierno cubano abrió las posibilidades de
viajar y los opositores pasan tanto tiempo fuera que en Miami los
llaman
“la disidencia viajera”. Tal vez si gastaran esos recursos en hacer trabajo político entre los cubanos, tendrían un peso mucho mayor.
Es posible que el Presidente Obama visite Cuba y se reúna con algunos
disidentes, lo han hecho muchos otros antes que él, pero de ahí a que
intente imponer la presencia de los opositores cubanos en la mesa de
negociación hay un camino muy, pero muy largo.
Es sano que un gobierno tenga críticos pero para que los disidentes
puedan ejercer ese papel necesitarán un proceso de “actualización” de
sus estrategias porque cada día que pasa la oposición languidece, al
punto de acercarse peligrosamente a la muerte cerebral.

Estas son las únicas dos Damas que tuvieron un lugar en la mesa de negociaciones entre cubanos y estadounidenses